El japonés Masaru Emoto, puso agua de la misma fuente en dos botellas de vidrio, con la diferencia de que en una escribió “Gracias”, y en la otra “Te mataré”. Después de un tiempo tomaron fotos a las moléculas del agua de cada una de las botellas, y los resultados fueron bastante gráficos. 

Con dicho experimento, Emoto quería ejemplificar cómo la palabra puede influir en la estructura de una sustancia química como el agua. Y que dicha influencia (extraordinariamente positiva, en el caso de las palabras “thank you”) pasaría del agua al cuerpo humano, al ingerirla. Estos experimentos se recogieron en la película ¿What the Bleep do We Know? (en español, ¿Y tú qué sabes?).

La muerte y la vida están en poder de la lengua,

Y el que la ama comerá de sus frutos.

Prob. 18:21

Por ejemplo, si me levanto de la cama con mucha felicidad por vivir un nuevo día y así lo manifiesto con mi actitud y mis palabras, el efecto causado en mi familia va ser muy positivo. Muy diferente sería si he dormido mal y la queja sale de mi boca antes de probar el desayuno. Hay muchos indicios de cómo a través de la palabra generamos bendiciones o maldiciones; riqueza o pobreza; felicidad o angustia. Por ello, es muy importante a partir de hoy, estar atentos a la forma en la que hablamos. ¿Damos gracias por lo que hemos recibido? O ¿nos dedicamos a pedir cada vez más? ¿Nos creemos lo suficientemente capaces de convertir los problemas en oportunidades? O ¿Cada vez que hablamos sentimos el riesgo de crear la tercera guerra mundial?
El verbo tiene un principio creador. A partir de hoy, úsenlo a su favor.

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