Vivir en pareja puede ser la aventura más divertida emocionante y reconfortante. Para mantener la relación en ese estado se requiere que tú y tu pareja sean muy inteligentes y audaces y así eviten que su relación sea el blanco de los seis principales enemigos del amor.

Decisión, esfuerzo, inteligencia emocional y, por supuesto, amor recíproco son las herramientas de las que tendrán que valerse día a día para que su relación se fortalezca. De lo contrario, como sucede con la salud, el amor será vulnerable a las actitudes que voluntaria o involuntariamente lo van deteriorando.

 Los siguientes puntos y citas a mencionar son basados en el libro «Evite» de Nancy C. Anderson quien habla sobre como tener una nueva perspectiva y mejorar tu vida amorosa; así evitando la infidelidad.  Cada uno de los temas es comentado por expertos en el tema.

  •  No escuchar

La comunicación por teléfono, incluídos mensajes de texto, ha sido la alternativa cuando los horarios de trabajo no les permiten verse durante largas jornadas. “Algunos días Erika sale de casa a las cinco de la mañana y regresa a las nueve de la noche”, comenta García.

Si bien a nadie le agrada estar escuchando quejas, para él está claro que, de no hacerlo, por lógica ella va a encontrar a otra persona para comunicarse. “Puede ser un amigo, luego tendrá lugar la confianza y las tentaciones”, comenta. Si no hay ese espacio para la comunicación el matrimonio se derrumba, agrega; por lo que en más de una ocasión también han recurrido a programar el despertador antes de la hora habitual para levantarse y así conversar.

Comunicarse con la pareja significa abrir el corazón, hablar de los sentimientos, aunque no siempre se busque un consejo, explica Anderson en su libro. No obstante, la autora recomienda no quejarse por todo y escoger lo que se hablará. Además, es importante ser específica y no esperar a que la otra persona lea la mente. Cuando se está en los zapatos del receptor, si no se comprende con claridad el mensaje, debe preguntarse a la pareja qué es lo que intenta decir en lugar de suponer, agrega Iraida Abreu de Herrera, psicoterapeuta y catedrática del Instituto de Ciencias de la Familia.

La experta señala que para la buena comunicación es necesario invertir tiempo. Anderson resalta la necesidad de establecer contacto visual. No anticiparse a responder, rebatir, regañar o corregir, también es clave para una buena comunicación.

  •  No animar

Acepta a tu pareja tal y como es, reconoce en él a ese ser único singular y digno; ten presente sus cualidades, talentos, capacidades y halágalo por ello. Respeta sus debilidades o limitantes, ya que son fuente de aprendizaje y crecimiento. Estas son las recomendaciones de Abreu de Herrera para no dejar de admirar a la pareja y, por ende, no olvidar las razones por las cuales se le eligió para compartir la vida.

Aquí juegan un papel especial las palabras, por lo que al pasar tiempo juntos es importante no criticarse ni echarse las cosas en cara, agrega Erika Argotta de García. Por el contrario, puede aprovecharse el tiempo a solas para explorar la infancia y los sueños de juventud de nuestra pareja, sugiere Anderson. La escritora también hace mención de la importancia de halagar al cónyuge en público, claro está, usando las palabras apropiadas.

Cuando de animar a la pareja se trata las manos también son apropiadas. Desde usarlas para hacer por ti misma una manualidad que refleje el amor por tu cónyuge, hasta utilizarlas para brindar un masaje o caricias que transmitan a tu pareja el afecto que como ser humano también necesita. De acuerdo con Anderson, las caricias prudentes en lugares públicos constituyen una forma de afianzar el amor, sin que el sentido del tacto lleve siempre al sexo.

  •  Se apaga la llama

La palabra clave aquí es tiempo y, seguida de ésta, creatividad. En su libro, Anderson hace una reflexión sobre la importancia de no dejarnos ganar por el egoísmo, para no hacernos insensibles a las necesidades de nuestro cónyuge. Resalta la importancia de pasar tiempo a solas para avivar la relación.

Winston y Erika también han tenido que hacer algunos esfuerzos para darse un tiempo y no dejar que se esfume el romance en su relación. Por ejemplo, aprovechando que viven lejos de la ciudad, un día Winston fue a encontrar a su esposa a medio camino y la invitó a comer una hamburguesa en una tienda a la orilla de la carretera. “Eso es algo que no sale caro, pero contribuye a mantener el fuego”, comenta ella.

De igual manera, él asegura tener el detalle de abrir la puerta del carro a su esposa o servirle una gaseosa en un vaso. De esto último tienen una anécdota: “Una vez, recién casados, estábamos en un restaurante y a ella le llevaron la bebida en botella. Inmediatamente intenté abrirla para servírsela en el vaso y ella me dijo ‘tengo manos, no soy inútil’”. Ambos ríen al recordar aquel episodio y comentan la importancia de esos detalles de caballerosidad que el hombre no debe perder y la mujer debe valorar.

Pero hay otra forma que esta pareja ha encontrado para no perder el romance, esta es compartiendo parte de su trabajo o estudios. “Mientras uno esté involucrado en los intereses de la pareja, también se mantendrá el interés por ella y el romance”, asegura García. De ahí que él participe en algunas actividades de trabajo y estudio de Erika, y ella haya aprendido a alimentar, dar medicamentos, pesar y vender cerdos, tareas propias de un porcicultor.

Mantener el romance es lo que motiva, despierta la ilusión, la creatividad, el interés y renueva la relación, señala la psicóloga. En resumen, y desde su perspectiva, para mantener vivo el fuego es necesario invertir tiempo, crear intereses en común y buscar actividades para que la pareja se relaje y divierta.

  •  Bajar la guardia

Anderson cita en su obra la variedad de infidelidades que ha observado a su alrededor. Matrimonios desechos por la mejor amiga, la niñera, la empleada de confianza o la joven que llega de intercambio estudiantil, y hasta por relaciones virtuales por Internet o fantasiosas por televisión. La infidelidad es una tentación para hombres y mujeres y empieza de forma muy sutil, por ejemplo cuando al vestirse se piensa en agradar a un compañero de trabajo, cuando a la hora de almuerzo se comparte de forma exclusiva con un amigo o al compartir a solas con un vecino en el automóvil mientras se va camino al trabajo, al lugar de estudios o a la casa.

Todo empieza en la mente, agrega Argotta de García. Y un caso típico de ello, señala, es el hábito de ver telenovelas. “En la pantalla las parejas se engañan, hay malos tratos y gritos, y aunque la gente diga ‘eso no me afecta’, en realidad está pensando en la novela y copiando actitudes, dando cabida a esos pensamientos”, argumenta.

Un matrimonio sano se defiende con valentía e inspira a otros, cita Anderson. ¿Y qué es esto de un matrimonio sano? Argotta de García lo define como “una pareja compenetrada, con buena comunicación, que se lleva bien y ha tomado la decisión de tener un buen matrimonio. Ahí no entra la tentación”, afirma.

  •  Desconocerse

Conforme pasan los años y cambian las etapas de la relación, cada miembro de la pareja también renueva algunos pensamientos, gustos, hábitos e intereses. Afortunadamente, las personas no somos estáticas, razón por la cual los cónyuges deben esforzarse por estudiarse el uno al otro. Los aspectos que pueden dar lugar a un conflicto van desde las propias diferencias entre hombre y mujer, hasta las de personalidad, de experiencias familiares y de preferencias individuales, señala Anderson. Cuando estas diferencias son analizadas y atendidas pueden convertirse en fortalezas.

En este sentido cobran importancia los cinco lenguajes del amor señalados por el escritor Gary Chapman. El tema no es desconocido por Erika y Winston. Para él, una forma de manifestar amor a su esposa es preparándole comida cuando ella llega a casa. “Trato de hacer lo que le gusta, sin embargo, ella se lo puede comer y sentirlo rico, pero eso no le significará ‘te amo’. Necesita escucharlo y que le dé un abrazo. Por el contrario, a mí me puede decir ‘te amo’, pero será más significativo que me ofrezca un vaso de agua cuando tengo sed”, explica Winston.

Analizarse a sí misma para encontrar las formas en que una se siente amada, y descubrir las cosas que más agradan a la pareja, permite conocerse cada vez mejor. Y como resultado se crean lazos de unidad, complementariedad, afinidad, confianza y comunicación que evitan el alejamiento de los cónyuges, explica Abreu de Herrera.

  •  No satisfacerse

Un buen ejercicio para satisfacerse más frecuentemente en pareja puede ser que cada uno haga una lista de las tres necesidades básicas que deben suplir para sentirse feliz. Luego el cónyuge debe tratar de colaborar o complacer en eso a su pareja, comenta García. Dos de las necesidades que seguramente aparecerán en dichos listados, según Anderson, son sexo y afecto.

El primero es más característico en los hombres, mientras que las mujeres tienden más a la necesidad de afecto, comenta la autora en su libro. La explicación de que el género masculino necesite el contacto sexual es totalmente científica. “Muchos estudios concuerdan en afirmar que la producción de semen, la testosterona y otros factores físicos hacen que los hombres necesiten alivio sexual cada setenta y dos horas, o tres días”, cita. Y de esto deduce que si una mujer satisface a su pareja, éste mostrará más disposición a satisfacer las necesidades de ella.

Las estadísticas respaldan esta teoría, pues la mayoría de infidelidades tienen lugar por falta de afecto en la esposa y por falta de sexo en el esposo. Si uno de los dos se siente insatisfecho, inevitablemente empezará a actuar con resentimiento, comenta la autora. Así que ni siquiera se debe dar lugar a los complejos, en todo caso buscar soluciones. En el plano íntimo, lo mejor es tener una comunicación sincera, “qué nos gusta y qué no”, comentan los esposos García Argotta.

Y en cuanto al afecto no lo separa de la sexualidad, por lo contrario recomienda gratificar la relación con amor, respeto,carino, ternura, comprensión, amabilidad, paciencia, alegría y perdón.

 


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