Familia

Educar hoy en día es una tarea muy difícil. Quizá siempre lo ha sido, pero la cantidad de cambios que vivimos y la rapidez con la que se desarrollan ciertos acontecimientos, nos hacen vivir en un estado de permanente estrés y angustia.

Es por eso que vale la pena recuperar la imagen de los padres hacia los hijos, ya que los hijos ven a sus padres de distintas maneras. No todos los hijos miran de igual forma a sus progenitores, eso va dependiendo de la edad y del rol que sus padres desempeñen en la vida de los hijos.

Cuando los hijos están pequeños ven a sus padres como personas grandes, fuertes y sabias; (Héroes) pero a medida que van creciendo aquella fortaleza y sabiduría puede variar, de acuerdo a los tipos de padres que seamos.

Generalmente los hijos hasta los 9 años, se sienten muy orgullos de sus padres. La etapa de la vida que comprende de los 10 a los 12 años, separa la niñez de la plena adolescencia.

A partir de que el niño/a alcanza la preadolescencia, su vida empieza a estar presente la experiencia, se inicia cierta tensión general entre los padres e hijos, especialmente cuando la comunicación no se vive en una forma natural y directa.

Entre los 13 y 15 años nos referimos a ellos como adolescentes, la brecha generacional se hace más extensa, debido a la diferencia de gustos y comportamientos.

Entre los 15 y 18 años, a los jóvenes les cuesta más comprender a otros, sobre todo a sus propios padres, están en una edad de constantes cambios y estados de animo; con una historia diferente a la suya, con otra formación y con otras limitaciones.

Sus ideas tienen mayor independencia.
Es aquí donde se podría sentir la crisis familiar, los padres, muchas veces, no podemos comprender a nuestros hijos adolescentes porque no somos capaces de salir de nosotros mismos y ponernos en su lugar.

Todo eso daría espacio a un doble problema. Por un lado, los hijos se sienten injustamente incomprendidos y dominados. Por otro, no tienen un modelo comprensivo adulto del qué aprender.

El joven de esta edad se irá autoafirmando en la medida de que tenga padres maduros afectiva y socialmente.

Según expertos en terapia familiar, es necesario que tengamos en cuenta estos puntos importantes:

•que los padres seamos flexibles,
•mostrar frecuentemente sentido del humor,
• aceptarse a sí mismo,
•respetarse y aceptar a los hijos tal cual son,
• asumir la realidad familiar, personal, social y sobre todo en cualquier situación, recurrir siempre al diálogo y a las actitudes de respeto, escuchando las razones de los hijos y tratando siempre de convencer con argumentos y no con amenazas.

No existen padres ni hijos perfectos, lo que sí existen son personas que se necesitan y que construyen juntas un proyecto. Porque algo que debe quedarnos muy claro, es que educamos por lo que somos; transmitimos (aún sin darnos cuenta) lo que sentimos y pensamos y muchas veces sin palabras.

El concepto de ser padres ideales, es incompatible con el ser humano. No existe un ideal ni la perfección cuando hablamos de personas ni de relaciones.

En esta tarea de ser padres, nos examinan todos los días, es básico tener en cuenta una serie de valores que nos van a facilitar la labor educativa y formativa; como lo son:
>la responsabilidad,
>la madurez afectiva,
>la aceptación, la paciencia,
>el diálogo
> sobre todo el AMOR.


«Tener un lugar donde ir,se le llama hogar. Tener a quienes amar,se llama familia. Tener ambas,es una bendición”

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